6 de marzo de 2015

Nueva oración por la beatificación del venerable Pío XII aprobada por el cardenal Angelo Bagnasco, arzobispo de Génova



PREX AD POSTVLANDAM BEATIFICATIONIS
SERVI DEI PII PAPÆ DVODECIMI NOVA

Domine Iesu Christe, gratias agimus tibi ex eo quod Ecclesiæ tuæ Pium Papam Duodecimum, tuæ veritatis magistrum et pastorem angelicum, dedisti. Ipse, doctrina certa et leni firmitudine, summum exercuit apostolicum munus Ecclesiam tuam per procellosum totalitarismi doctrinarum mare ducens ; Petri bracchia sine personarum acceptione omnibus immanis alteri pancosmici belli cladis damno affectis aperuit, dum monebat quod « pace nihil perditum, bello omnia in discrimine posita » ; humiliter ac prudenter sacræ liturgiæ redintegratum addidit splendorem atque Beatissimæ Virginis Mariæ gloriam patefecit in definendo eius in cœlum Assumptionis dogma ; fac, quæsumus, Domine, ut et nos, illius exemplo, ad fidem tuendam, ad catholicum magisterium libenter obœdiendum, atque ad valles nostræ caritatis dilatandos discamus. Te, igitur, supplices te rogamus ut servum tuum Pium Papam Duodecimum glorificare digneris, id si ad tuam gloriam et ad bonum animarum profuerit, ad quod gratiam quam postulamus (…) nobis quæsumus largiaris. Amen.

Genuæ, 19 iulii 2010
Approbatur.
Angelus Cardinalis Bagnasco, Archiepiscopus


(l.† s.)


"IL GIORNALE D'ITALIA" dedica una página entera al venerable Pío XII



Gracias a la indicación de nuestro buen amigo de Santa Marinella, Prof. Livio Spinelli, secretario de Sor Margherita Marchione, nos enteramos de que "IL GIORNALE D'ITALIA" en su edición de hoy, 6 de marzo de 2015, dedica toda una página al venerable Pío XII. He aquí el enlace: http://www.ilgiornaleditalia.org/news/cultura/863155/La-Chiesa-salvo-un-milione-di.html.

5 de enero de 2015

Un obispo de Pío XII elevado a la sagrada púrpura por el papa Francisco



De los ocho obispos preconizados por el venerable Pío XII que viven aún en la actualidad, Su Santidad el papa Francisco ha decidido crear cardenal al colombiano Monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez, el decimonono de mayor edad del episcopado mundial a sus casi 96 años y el tercero con más tiempo como obispo, ya que cumplirá este año el jubileo de diamante de su consagración.

Monseñor Pimiento nació en Zapatoca (departamento de Santander) el 18 de febrero de 1919. Fue ordenado sacerdote por Monseñor Ismael Perdomo Borrero, arzobispo de Bogotá el 14 de diciembre de 1941 para la diócesis de Socorro y San Gil, sufragánea de la sede metropolitana de Bucaramanga. El 14 de junio de 1955 fue promovido por el venerable papa Pío XII obispo auxiliar de Pasto, ostentando la sede titular de Apollonide in Lidia. Recibió la plenitud del sacerdocio el 28 de agosto de ese mismo año de manos del cardenal Crisanto Luque y Sánchez, arzobispo metropolitano de Bogotá, asistido de Monseñor Emilio Botero González, obispo de Pasto, y Monseñor Pedro José Rivero Mejía, obispo de Socorro y San Gil. El 30 de diciembre de 1959 fue trasladado como obispo a la diócesis de Montería, sufragánea de la arquidiócesis metropolitana de Cartagena, y el  29 de febrero de 1964 a la diócesis de Garzón–Nerva, sufragánea de la arquidiócesis metropolitana de Ibagué. Participó en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II como padre conciliar.

Finalmente, el beato Pablo VI lo elevó el 22 de mayo de 1975 a la sede arzobispal metropolitana de Manizales, que rigió con gran acierto y solicitud pastoral durante más de veintiún años hasta que el 15 de octubre de 1996, san Juan Pablo II aceptó su renuncia al haber sobrepasado la edad canónicamente establecida para dejar el gobierno pastoral (tenía entonces 77 años y medio). No por ello, ha dejado de colaborar con sus hermanos en el episcopado. Según testimonio de su compatriota el cardenal Darío Castrillón Hoyos, Monseñor Pimiento desarrolla un activo trabajo pastoral desde el Foyer de Charité en la arquidiócesis de Bucaramanga, donde reside en la actualidad.

Ayer, 4 de enero de 2015, durante su alocución del Angelus, el papa Francisco anunciaba la creación de quince nuevos cardenales, entre ellos Monseñor Pimiento, en el consistorio del próximo 14 de febrero, durante el que se otorgará a los nuevos purpurados el rojo birrete y se les asignará un título o diaconía de la diócesis de Roma.

Monseñor Pimiento guarda un grato recuerdo del venerable Pío XII, el papa que lo preconizó obispo. A este respecto, preguntado por la SODALITAS INTERNATIONALIS PASTOR ANGELICVS, en ocasión del cincuentenario del pío tránsito del papa Pacelli, respondió:

“Elegido al Episcopado por él el 14 de junio de 1955, no tuve el honor y gracia de tratarlo personalmente, pero compartí la conciencia mundial sobre su sabiduría eminente y calidad pastoral, que lo hicieron colmar una época de la Iglesia y de la humanidad golpeadas por la Segunda Guerra universal como Pastor bueno y santo, que engrandeció la historia con testimonios superiores de fortaleza, sapiencia y caridad insuperables. En mis viajes a Roma celebré varias veces la Eucaristía en el altar vecino a su tumba, implorando la gracia de su glorificación canónica, por la convicción colectiva de la heroicidad de sus virtudes pastorales. Así me compalce rendir homenaje de la más sincera y profunda devoción al gran Pontífice de la Santa Iglesia”.

Nuestras modestas pero fervorosas congratulaciones al futuro cardenal Pimiento.





9 de junio de 2013

Segundo número de la revista "PASTOR ANGELICVS"

14 de mayo de 2013

Sale primer número de la revista "PASTOR ANGELICVS"


Publicamos a continuación el editorial del primer número de la revista "PASTOR ANGELICVS", publicada el 9 ppdo. de mayo. De periodicidad mensual, aparecerá cada día 9 de mes (en recuerdo del 9 de octubre, fecha del piadoso tránsito del venerable Pío XII). Esperamos que esta iniciativa tenga eco en el público católico, con el único afán de acrecentar la devoción a tan gran Romano Pontífice así como contribuir, desde nuestra modestia, a la difusión de su causa de beatificación y canonización.


Este mes de mayo ve la luz un antiguo y largamente acariciado proyecto: el de una revista en español para la difusión de la causa de beatificación del venerable Pío XII. Su nombre –“Pastor Angelicus” – es el del Sodalitium Internationale, fundado en 1998 en Barcelona en ocasión del cuadragésimo aniversario del piadoso tránsito del papa Pacelli, y que contó desde sus inicios con el apoyo y bendición de los Eminentísimos cardenales Pietro Palazzini, Silvio Oddi y Alfons Maria Stickler, así como del Excelentísimo señor arzobispo Romolo Carboni, nuncio apostólico de Su Santidad. Con el tiempo otros ilustres prelados se han adherido a las iniciativas del Sodalitium Internationale Pastor Angelicus (SIPA), en particular una veintena de obispos preconizados durante el fecundo pontificado del gran Pío XII, entre ellos los Eminentísimos cardenales Ján Chryzostom Korec y Fiorenzo Angelini. También es de destacar la simpatía y benevolencia que nos han dispensado el relator de la causa de beatificación, Rev. P. Peter Gumpel, S.I., y el Rev. P. Pierre Blet, S.I. (uno de los encargados por el venerable Pablo VI de reunir las “Actas y documentos de la Santa Sede relativos a la Segunda guerra Mundial”).

En estos quince años de actividad, el SIPA ha distribuido literatura, estampas y medallas con reliquia “ex indumentis”, ha encargado la celebración de misas en memoria del hoy venerable, ha depositado ofrendas florales ante su tumba en la basílica de San Pedro, ha hecho traducir a treinta idiomas la bellísima oración compuesta por Mons. Petrus Canisius van Lierde para pedir su pronta beatificación, ha patrocinado conferencias y sesiones de cine-fórum sobre la vida, obra y pontificado de Eugenio Pacelli. Y todo ello con el indudable auxilio de la Providencia, dada la escasez y parvedad de los medios a su alcance. Ya se sabe que las obras de este tipo suelen exigir sacrificios y generosidad de quienes las llevan a cabo. Gracias a Dios, a pesar de momentos difíciles, el entusiasmo no ha menguado y el SIPA puede hoy presentar su revista, que quiere ser no sólo un vocero de propaganda de la causa de beatificación del venerable Pío XII, sino también la expresión de una filial y auténtica devoción. “Pastor Angelicus”, siempre en comunión con la Santa Iglesia y sin pretender mínimamente prevenir su juicio, está abierto, pues, a los testimonios de quienes quieran compartir su vivencia de dicha devoción.

Para terminar, una invitación: si alguien se siente movido al apostolado de difusión de la causa de beatificación y canonización del venerable Pío XII, no deje de inscribirse como socio del SIPA. No se requiere más que tener buena voluntad y buena disposición para colaborar en esta obra según las propias aptitudes y talentos. No hay cuotas sociales que se deban abonar; cada socio del Sodalitium está llamado a contribuir libremente en lo que su generosidad y sus posibilidades le dicten. Lo importante es ayudar, desde la humildad de nuestros esfuerzos, a que la causa del gran papa Pacelli y su devoción prosperen.

El número de este mes de la revista está dedicado todo él a un pequeño estudio monográfico sobre la vida del “Pastor Angelicus” escrito por el presidente del SIPA y que fue publicado por la revista argentina “Gladius” en octubre de 2008 para conmemorar el cincuentenario pacelliano. El artículo ha sido mínimamente modificado en lo que tenía de circunstancia hace cinco años, de modo que pueda resultar siempre actual. En sucesivos números de “Pastor Angelicus” serán abordados temas de diversa índole y se procurará mantener al día a los lectores en cuanto a los avances de la causa canónica del venerable Pío XII. Sólo nos queda esperar que la revista tenga la más amplia difusión posible y que podamos continuar así este apostolado.



Para recibir gratuitamente la versión PDF de la revista "PASTOR ANGELICVS", solicitarla por correo electrónico a:


sodalitium@pastorangelicus.org

1 de junio de 2012

LX aniversario del XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona (1952-2012)






RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD PÍO XII A LOS PARTICIPANTES EN EL XXXV CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL REUNIDOS EN BARCELONA*

Domingo de Pentecostés, 1º de junio de 1952


Sea por siempre bendito y alabado el Santísimo Sacramento del Altar y la Purísima Concepción de María Santísima, concebida sin mancha de pecado original desde el primer instante de su ser natural.

Venerables Hermanos y amados hijos, representantes de todo el orbe católico, que en estos momentos clausuráis en Barcelona las grandiosas jornadas del trigésimo quinto Congreso Eucarístico Internacional.

¿Quién hubiera podido pensar cuando, en la tibia primavera de 1938, dirigíamos Nuestra palabra, en la tan hermosa como desdichada Budapest, al trigésimo cuarto Congreso Eucarístico Internacional, que en el siguiente íbamos a hacer oír Nuestra voz desde esta Sede Apostólica y después de un paréntesis tan largo como doloroso? Cargado estaba el horizonte; y las expresiones que allí se escuchaban eran ya para ponderar lo dichoso que el mundo sería, si quisiera seguir las exhortaciones del Sucesor de Pedro en favor de la paz.

Pero la voz fue desoída; el turbión descargó con estruendo y con estrago; y hoy de nuevo, el grito angustioso, que escapa de todas las gargantas, es el mismo de entonces: ¡la paz!

¡Cuánto se habla hoy de paz y de qué distinta manera! Para algunos, no es más que una formalidad exterior, hecha de palabras, impuesta por una táctica ocasional y constantemente contradicha por sus gestos y sus obras, tan contrarios a todo lo que dicen. Para nosotros no; para nosotros no hay más que una paz verdadera y posible, la de Aquel cuyo nombre es «Princeps pacis» (Is 9, 6) y cuyo Reino no consiste en goces terrenales, sino en el triunfo de la justicia y de la paz : «Non est enim regnum Dei esca et potus, sed iustitia et pax» (Rom 14, 17); una paz que se deduce como un imperativo ineludible de la fraternidad y del amor, que brota de lo más profundo de nuestro ser cristiano y que es el supuesto indispensable para otros bienes mayores y de un orden superior.

Os hablamos desde lejos, pero Nos parece que os vemos y que Nuestro espíritu se regocija al contemplar vuestra Asamblea; porque en torno a la Eucaristía todo habla de paz: el ágape fraterno, el ósculo previo y hasta el mismo símbolo de muchos granos de trigo. La paz es unidad; pues, ¿dónde ir a buscarla sino en este sacramento « totius ecclesiasticae unitatis»?[1]. Es fruto de la caridad; pues entonces, ¿dónde encontrarla, sino en este «sacramentum caritatis, quasi figurativum et effectivum»?[2]. Y si, como bien sabemos, los enemigos de la paz son la soberbia, la codicia y, en general, las pasiones desordenadas, ¿qué mejor remedio podremos anhelar que esta medicina celestial, con la cual crecen la gracia y las virtudes, somos preservados del pecado, se complementa nuestra vida espiritual[3]  y, aumentando en el alma la caridad, son enfrenadas las pasiones?[4]

España ha tenido el alto honor, justo reconocimiento a su catolicismo íntegro, recio, profundo y apostólico, de dar hospitalidad a esta magna Asamblea, que añadirá a sus fastos religiosos una página, que ha de contarse entre las más brillantes de su fecunda historia; y en nombre de la vieja Madre España le ha tocado hacer los honores a la espléndida y próspera Barcelona, de la que no querríamos en estos momentos recordar ni la belleza de su situación, ni su clásica hospitalidad, ni su espíritu abierto siempre a todas las iniciativas grandes, sino más bien su tradición eucarística cifrada en tres nombres: el «Santo de la Eucaristía», que fue S. Ramón Nonato; un apóstol de la comunión cotidiana ya en el siglo XIII, que es Santa María de Cervelló; y un alma que subió a todas las alturas de la mística, nutriéndose algunas veces tan solo de Eucaristía, S. José Oriol.

España y Barcelona, o, mejor dicho, el trigésimo quinto Congreso Eucarístico Internacional, pasará al Libro de Oro de los grandes acontecimientos eucarísticos por su perfecta preparación y organización, por la amplitud y acierto de sus temas de estudio, por la brillantez y riqueza de las Exposiciones y certámenes que lo han adornado, por la imponente concurrencia presente, por el sentido católico que lo ha inspirado, especialmente recordando los hermanos perseguidos, y por el contenido social que se le ha querido dar, tan en consonancia con Nuestros deseos. Pero Nos deseamos mucho más: Nos queremos proponerlo como ejemplo al mundo entero, para que al veros —tantas naciones, tantas estirpes, tantos ritos — «cor unum et anima una» (Act 4,32) pueda comprender dónde está la fuente de la verdadera paz individual, familiar, social e internacional; Nos esperarnos que vosotros mismos, inflamados en este espíritu, salgáis de ahí como antorchas encendidas, que propaguen por todo el universo tan santo fuego; Nos confiamos que tantas oraciones, tantos sacrificios y tantos deseos no serán inútiles; Nos, reuniendo todas vuestras voces, todos los latidos de vuestros corazones, todas las ansias de vuestras almas, queremos concentrarlo todo en un grito de paz, que pueda ser oído por el mundo entero.

«¡Oh Jesús amorosísimo, escondido bajo los tenues velos sacramentales; cordero divino, perpetuamente inmolado por la paz del mundo! Oye finalmente las ardientes plegarias de tu Iglesia que, por boca de tu indigno Vicario, te pide para el mundo el fuego de la caridad, para que en ella se enciendan la unión y la concordia y, al calor de éstas, florezca en nuestra tierra árida y desolada el blanco lirio de la paz.

«¡Que la unción de tu gracia —bálsamo escondido, fármaco suavísimo— sane en las almas las desgarraduras producidas por el odio, para que todos se sientan hermanos, hijos de un mismo Padre, que se nutren en una misma mesa con manjar celestial!

«¡Que tus palabras de paz, que el amor que siempre rebosa de tu corazón inspiren a los regidores de las naciones, a fin de que sepan conducir los pueblos que tu les has confiado por los caminos de la auténtica fraternidad, base indispensable de toda felicidad y todo progreso!».

Hágalo así esa «Moreneta» de Monserrat, patrona del Congreso y madre de Cataluña, a la que desde aquí Nos parece ver en su nido de águilas, volviendo sus ojos maternales hacia vosotros y bendiciéndoos con todo amor; háganlo S. Pascual Bailón y todos vuestros Santos y Ángeles protectores; mientras que Nos, rebosando de gozo por haber podido ver en tan calamitosos tiempos un espectáculo tan hermoso como el que habéis ofrecido, os bendecimos a todos: a Nuestro dignísimo Legado; a Nuestros hermanos en el Episcopado con su clero y pueblo ; a todas las autoridades presentes, a cuantos han colaborado generosa-mente en la preparación y organización del Congreso, a cuantos en este acto final de tan solemne Asamblea, y fuera de él, oyen Nuestra voz; a la Ciudad Condal, a España y al mundo entero, cuyas ansias pacíficas hallan siempre completa correspondencia. en Nuestro corazón de Padre.






* AAS 44 (1952) 478-480.
[1] S. Th. 3 p. q. 83, art. 3, ad 6.
[2] Ib. q. 78, art. 3, ad 6.
[3] Ib. q. 79 et passim.
[4] Cfr. León XIII, Encicl. Mirae caritatis, die 28 Maii 1902, Acta Leonis XIII, vol. 22, 1903, p. 124.